Es gracioso saber
que me dice te quiero,
mientras me olvida.
Solo queda una moneda que tirar,
el elije el canto, y yo elijo la cara.
Le bajaría una estrella
pero está muerta,
quizá más muerta que nosotros
y eso ya es decir.
A pesar
de que el roce de sus actos
era malo,
lo guardaba,
porque llegaba tan adentro.
Por eso soplaba
dientes de león,
pidiendo promesas
que se las llevaba el viento.
Busco en el olvido
para no caer.
Yo me voy lejos de aquí,
pensando que lo único que necesito
es mi cuerpo para sobrevivir.
Yo también fui querida
con ganas, y puse mis ganas
para querer;
pero sé que no era así.
Yo lo mío,
el lo suyo;
todo fuego está apagado ya.
Y ahora le escribo con regaliz,
para que el adiós sepa más dulce.
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